El rayo de la muerte: un arma invisible

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La vida de los grandes creadores siempre ha estado marcada por alguna obsesión. Ese invento que siempre estuvo a punto de culminar, pero que por alguna razón del infortunio no logró llevar a feliz termino. Nikola Tesla no escapa a esta realidad. Su mayor sueño radicó en la construcción de un sistema de distribución eléctrico inalámbrico, compuestos de altas torres, capaz de obtener energía a través de la creación de poderosas alteraciones en el campo eléctrico natural de la Tierra.

Al respecto, un artículo publicado en el sitio web Culturizando (http://www.culturizando.com/2011/07/el-rayo-de-la-muerte-de-nikola-tesla.html) explica que la idea de Tesla consistía en retrasmitir libremente esta energía, obtenida gratuitamente, a través de torres ubicadas estratégicamente. De esta investigación, nacería a comienzos del siglo XX uno de sus más imponentes inventos: La Torre Wardenclyffe.

Sin embargo, las cosas no salieron como se esperaba. Su principal inversionista, un banquero de nombre J.P. Morgan se retira del proyecto enfurecido por la falta de resultados palpables y comenzaría una campaña difamatoria contra el científico, lo que dificultó la consecución de nuevos colaboradores financieros.

Ahogado por las deudas que había generado hasta ese momento su invento, en 1930 Tesla intenta darle una aplicación militar a su fatídica torre. Se avoca durante varios meses a buscar la forma de crear un rayo de partículas macroscópicas, el cual, lanzado desde una torre o un aerostático, sirviese para atacar a los ejércitos enemigos durante la Segunda Guerra Mundial. Llamaría a esta creación “el rayo de la muerte”.

Animado por la idea, Tesla prepara un documento que contiene los detalles del proyecto y lo presenta a varias compañías y departamentos de guerra de las distintas potencias mundiales, como el US War Department y las distintas ramas del ejercito del Reino Unido. Los resultados fueron rotundamente negativos: en el mejor caso, su investigación fue catalogada como “divagaciones de un loco” y un “tiradero de dinero para un comic de ciencia ficción”.

Pero, Tesla no se detuvo. Tuvieron que pasar varias décadas hasta que las ideas del testarudo creador fueran tomadas con seriedad y nacieran así los “electrolaser”. Su intención no solo era retrasmitir energía, sino que sus ideas llegaron hasta el punto de proponer la creación de una luz diurna artificial producida mediante un proceso de alteración de la ionosfera.

Los conceptos científicos relacionados con los “electrolasers” y los “rayos de partículas” hicieron que el prestigio de este genio fuera redimido. Además, la ciencia moderna corroboró decenas de teorías propuestas por Tesla que en su época lo convirtieron en el hazmerreír del mundo entero.

Fuente: Culturizando: http://www.culturizando.com